En Dodger Stadium, los Diamondbacks plantaron cara y usaron el poder temprano para dejar helado a Los Ángeles: 3–0 final, con dos bombazos que marcaron el rumbo desde el cuarto inning y un bullpen que sentenció sin pestañar.
Inicio de impacto.
Llegó el cuarto inning y Blaze Alexander la botó de dos vueltas para sacar an Arizona del cero. Fue un swing que rompió la tensión y encendió un fuego amarillo que los Dodgers no pudieron apagar.
Ya en la sexta, Gabriel Moreno firmó un sencillo productor que elevó la cuenta a 3–0. Esa carrera se sintió como un golpe definitivo: clásico “mermelada” en el diamante, justicia pura por el bate y sangre fría.
En el octavo, Enrique Hernández se vio elegante y robó un line drive con una atrapada volteada pureza de guante para frenar un intento de reacción de LA. Desde ahí, fue todo control y cierres firmes.
El bullpen azul sin pensarlo y sin dramas le entregó la última entrada a Jake Woodford, quien cerró con autoridad y se apuntó el salvamento que selló una victoria de plan, de fórmula bien aplicada.
Diamondbacks 3 — Dodgers 0. Tremenda victoria de puntería: dos batazos clave, defensa que manda y bullpen impenetrable. En LA hoy, Arizona dejó claro que a veces el poder no se mide en explosiones, sino en momentos oportunos.


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