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Exhibición Ravens: Lamar baila en el Hard Rock y Miami se hunde

En el Hard Rock Stadium, los Baltimore Ravens firmaron una actuación impecable para vencer 28–6 a los Miami Dolphins, en una noche que devolvió confianza y contundencia a un equipo que la necesitaba. Desde el primer drive, Baltimore dejó claro que había viajado a Florida a dictar su ritmo.

El primer cuarto fue un golpe de autoridad: tras un fumble recuperado por la defensa, Lamar Jackson capitalizó el error con una serie corta que terminó en pase de touchdown a Zay Flowers, abriendo el marcador y marcando el tono físico del encuentro. Miami respondió con un gol de campo, pero su ofensiva se quedó sin profundidad.

En el segundo cuarto, Baltimore repitió fórmula. Jackson volvió a mover las cadenas con control quirúrgico, combinando pases cortos y acarreos de Derrick Henry, que se encargó de castigar entre líneas y mantener vivas las series. El segundo touchdown llegó tras una marcha de 75 yardas en apenas tres minutos, dejando el marcador 14–6 al descanso.

El tercer cuarto fue el quiebre definitivo. Los Ravens salieron con la misma intensidad y en su primer drive del complemento recorrieron 68 yardas en 11 jugadas, culminando con otro envío de Jackson a Flowers en zona roja. Miami se derrumbó: dos despejes consecutivos, un fumble en territorio propio y una intercepción en el cierre sellaron la debacle. Baltimore, implacable, añadió otra anotación tras una serie de apenas cuatro jugadas, coronando una noche de control total.

El marcador final 28–6 no solo reflejó la diferencia en el campo, sino también en mentalidad. Jackson cerró con 18 de 23 pases, 261 yardas y 4 touchdowns, sin entregar el balón. Henry aportó 67 yardas por tierra y el equipo capitalizó todas sus visitas a zona roja (3 de 3). Miami, por su parte, se quedó sin ritmo, sin aciertos y sin touchdown en todo el complemento.

Con este triunfo, los Ravens equilibran su récord (3–5) y se mantienen con vida en la AFC Norte, mientras los Dolphins caen a 2–7, en una de sus noches más grises del año. Baltimore necesitaba un juego así: completo, sólido y con su estrella brillando en todas las facetas.

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