Los Patriots están metidos en una inercia que ya no parece casualidad. Con un control absoluto del partido de inicio a fin, New England venció 33–15 a unos Giants que nunca tuvieron respuesta y que quedaron superados en todas las fases del juego. Foxborough vivió otra noche en la que Drake Maye volvió a verse como el quarterback que cambia la vida de una franquicia.
Un arranque que marcó el camino
New England salió con ritmo y autoridad. Una primera serie sostenida por Maye terminó en gol de campo y dio el aviso: los Patriots no venían a especular. La defensa respondió igual, obligando a despejes consecutivos y frenando cualquier intento de los Giants por establecer sus fundamentos.
La ofensiva local lo aprovechó de inmediato: drive de 61 yardas y touchdown para ponerse 10–0. Y, sin dejar respirar a nadie, llegó otro golpe más: avance de cinco jugadas y 17–0 que encendió el ambiente en el Gillette Stadium.
New York amagó… pero Maye volvió a contestar
Los Giants intentaron meterse al partido con un touchdown al inicio del segundo cuarto (17–7), pero la reacción les duró nada. Maye montó una ofensiva precisa, sin errores, que terminó en otro touchdown para devolver la ventaja cómoda (24–7). Fue un golpe anímico que New York ya no pudo asimilar.
Después, un fumble de los Giants les entregó el balón en territorio corto. New England no falló: gol de campo y 30–7 al descanso, marcador que prácticamente sentenciaba la noche.
Gestión, control y un cierre sin sobresaltos
El tercer cuarto fue una demostración de manejo del reloj. La defensa de los Patriots siguió dominando, New York falló un gol de campo y el ritmo del partido quedó completamente a merced de New England. Ya en el último cuarto, los Giants maquillaron el marcador con un touchdown y conversión (30–15), pero sin generar ninguna amenaza real.
Un último gol de campo de los Patriots dejó las cosas 33–15 y cerró un partido que, desde la primera serie, tuvo dueño claro.


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