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Vergüenza blanca: Real Madrid queda eliminado de la Copa del Rey ante el Albacete

El partido en Albacete no fue uno más. Marcó el debut de Álvaro Arbeloa en el banquillo del Real Madrid, apenas días después de la polémica salida de Xabi Alonso. Y si la intención era que el cambio trajera un golpe anímico o una reacción inmediata, ocurrió todo lo contrario: el estreno dejó más dudas que certezas y confirmó que el problema blanco va mucho más allá del entrenador.

En la cancha, el Madrid protagonizó un papelón y quedó eliminado 3–2 ante el Albacete en los octavos de final de la Copa del Rey. El golpe es doble por el contexto: el Albacete es el equipo que marcha en el puesto 17 de la Segunda División, peleando en la zona baja, y aun así fue suficiente y en varios tramos, superior para dejar fuera al gigante.

Desde el inicio, el Madrid se vio sin ritmo, sin agresividad y sin claridad. Le costó una eternidad mover el balón con sentido, jugó a un ritmo cómodo para el rival y se quedó corto de ideas en el último tercio. Cuando intentó atacar, fue con posesiones estériles, centros forzados y jugadas que morían antes de ser amenaza. En juego abierto, el equipo blanco fue plano, incapaz de romper líneas o generar ventajas.

Lo más revelador y preocupante es que el Madrid solo pudo competir a balón parado. Sus dos goles llegaron por esa vía, como si el equipo dependiera únicamente de una jugada aislada para sostenerse. Primero apareció Franco Mastantuono (45’+3’) para mantenerlo con vida antes del descanso; después, Gonzalo García (90’+1’) acercó el marcador cuando ya se olía el desastre. Pero fuera de esas acciones, el conjunto blanco no construyó fútbol, no generó ocasiones claras sostenidas y nunca transmitió sensación de control.

El Albacete, por su parte, entendió perfecto el partido. Con orden, intensidad y valentía, fue creciendo ante un rival que no imponía respeto en el campo. J. Villar del Fraile (42’) abrió el marcador y terminó de desnudar la fragilidad madridista: cada pérdida blanca se convirtió en oportunidad para el local, cada desconexión se pagó caro. Y en el cierre, llegó el golpe definitivo con J. Betancor, autor de un doblete (82’ y 90’+5’) que sentenció una noche histórica para el Albacete y una pesadilla para el Madrid.}

La eliminación no solo duele por el resultado: duele por la forma. Un equipo sin alma, sin identidad, sin reacción y sostenido únicamente por el balón parado. Perder contra un rival de la parte baja de Segunda División en una eliminatoria no se puede vender como “tropezón”: es una señal de alarma total.

Lo de Albacete queda como un retrato brutal del momento del Real Madrid: una temporada de vergüenza deportiva, con fracasos que se acumulan, un banquillo recién cambiado en medio de ruido y una sensación cada vez más clara de que el problema es profundo. Y lo peor: no parece un fondo del que se sale fácil si el equipo sigue jugando así.

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