Tras bajas importantes la novena mexicana se reinventa desde el montículo.
El Clásico Mundial de Béisbol 2026 se acerca y la Selección Mexicana ha tenido que adaptarse a la incertidumbre. Las bajas, sobre todo en el pitcheo, modificaron el panorama inicial, pero también abrieron espacio para una narrativa distinta: la de quienes esperan su oportunidad para asumir el protagonismo.
En ese contexto aparecen tres nombres que podrían tomar un lugar en la rotación: Manny Barreda, Wilmer Ríos y Manny Bañuelos.
Barreda no es ajeno al béisbol mexicano. Con experiencia en MLB y amplio recorrido en la Liga Mexicana, ha demostrado resiliencia y capacidad de respuesta en momentos exigentes. Su mayor fortaleza es el temple, esa calma para manejar escenarios de presión en un torneo donde cada inning puede definir el rumbo.
Wilmer Ríos representa la constancia. Se ha consolidado como uno de los brazos más sólidos en la pelota nacional gracias a su control, lectura de juego y secuencia inteligente de pitcheos. No vive únicamente de la velocidad, sino de la ejecución. En un escenario internacional, ese perfil puede marcar diferencia.
Manny Bañuelos aporta experiencia y bagaje en Grandes Ligas. Zurdo, con repertorio probado y conocimiento del alto nivel, puede ser una pieza estratégica ante lineups cargados de derechos. Sabe competir bajo presión y eso tiene peso en torneos cortos.
¿México llega tocado en el pitcheo abridor? Sí. Pero el béisbol suele recompensar a quienes aprovechan la oportunidad inesperada. El Clásico Mundial ha demostrado que las grandes historias no siempre comienzan con el plan A.

